Luis Fernando Peláez

Luis Fernando Peláez

Jericó, Antioquia, 1945

Arquitecto de la Universidad Pontificia Bolivariana. Fue profesor de la Facultad de Diseño de la misma Universidad y profesor de la carrera de Artes en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Ha sido reconocido como uno de los artistas más destacados de la década de los 80, cuando tuvo un gran reconocimiento en el XXXI.

Luis Fernando Peláez busca y selecciona objetos. Unos llevan su propio significado por su descaste; otros son cargados de un nuevo sentido por la sensibilidad del artista. Peláez crea y suscita con ellos asociaciones desconocidas. El artista cree en el devenir de las cosas. Peto también en la posibilidad de detener el movimiento cuando le sigue su rastro. Es entonces cuando logra el reposo de sus objetos, ubicándolos en la lluvia o en los reflejos. Nace así, un mundo poético que desconocíamos.


EXPOSICIONES

GALERÍA SEXTANTE
Rio, 2011
Bogotá Colombia

MUSEO DE LA UNIVERSIDAD
JORGE TADEO LOZANO
Testigos, 2007
Bogotá Colombia

GALERÍA SEXTANTE
Relatos del tiempo que pasa, 2013
Bogotá Colombia


TEXTOS

De Alberto Sierra

Luis Fernando Peláez busca y selecciona objetos. Unos llevan su propio significado por su desgaste; otros son cargados de un nuevo sentido por la sensibilidad del artista. Peláez crea y suscita con ellos asociaciones desconocidas. El artista cree enel devenir de las cosas, pero también en la posibilidad de detener el movimiento cuando le sigue su rastro. Es entonces, cuando logra el reposo de sus objetos, ubicándolos en la lluvia o en los reflejos. Nace así, un mundo poético que desconocíamos.

De Francisco Gil Tovar

Lo inasible es algo que de algún modo podemos relacionar con lo espacial. Lo uno y lo otro son conceptos y sensaciones difícilmente capturables en la obra de arte y no creo que pueda hacerlo quien no tenga una mentalidad de arquitecto y una sensibilidad de músico. Yo no conozco a Peláez, pero estoy seguro que ha de poseer la una y la otra; al menos así lo sugiere la instalación que nos presenta, todo un plato de gusto para semiólogos y esteticistas, que al verla me ha evocado ciertas ideas de Leibnitz sobre las relaciones espacio temporales.

Cierto es que este tipo de obra-idea se presta más que otras a lo especulativo: pero, no ha sido la especulación una de las sugestiones de lo estético?. Peláez emplea aquí, a más de cierta especulación, una suerte de proceder paradojal en su referencia a la  ciudad de hoy: identificamos a ésta por su agobiador dinamismo, su agitación, la muchedumbre, las premuras… y sin embargo, él despliega una idea, una sensación de tranquila y misteriosa espacialidad en un “tiempo lento” de paz y soledad. Sobre todo, paz y soledad.

El arte es muchas veces alusión y en raras ocasiones contra alusión. Paradoja, contra alusión y quién sabe si desilusión están en la obra del que ha sabido crear, el que ya podemos calificar de “mundo Peláez”.

De Eduardo Serrano

El Premio Luis Caballero fue oportunamente convocado por la Galería Santafé de Bogotá del Planetario Distrital como una manera de promover el arte de aquellos artistas que ya no se cuentan entre los jóvenes que se disputan salones y bienales, pero que tampoco han llegado a la posición de maestros consagrados y que, por lo tanto, no se identifican todavía con un lenguaje establecido e inamovible. Entre más de cien propuestas se escogieron las de once artistas cuyas obras se cuentan entre las más vitales y logradas que se realizan en Colombia, debiendo presentar cada uno de ellos una muestra individual que haga evidente sus racionamientos y propósitos.

La convocatoria se inicia con una exposición del antioqueño Luis Fernando Peláez, quien inició su carrera artística en los años setenta como un pintor de atmósferas, pero que en los ochenta abandonó el espacio ilusorio propio de los lienzos para internarse en los espacios de la vida real e impregnar con sus visiones la totalidad de los recintos en que se muestra su trabajo. Una inquietante sensación de soledad y de añoranza invade al observador tan pronto se interna en sus exposiciones; y esta primera impresión es fundamental para desentrañar su contenido, el cual, partiendo de experiencias personales se encamina hacia la universalidad y la poesía.

La formación de arquitecto de Peláez influyó claramente en su elección de una casa prototípica como símbolo en torno al cual giran sus lucubraciones. En algunas obras aparece la casa individual, evocativa de la infancia y del pasado; mientras que en otras se reúnen muchas casas haciendo explícito el entorno urbano. Una lluvia pertinaz ingeniosamente representada con puntillas que parecen gotear sobre los techos impone un ambiente de humedad que se complementa con el acabado brillante que inunda sus instalaciones confiriéndoles múltiples reflejos.

En unas obras la vista es exterior a la manera de paisajes citadinos y en otras interior, situando al espectador frente a ventanas sobre cuyos vidrios nebulosos desfilan los recuerdos representados por diversos elementos cuidadosamente seleccionados como cartas amarillentas y sombrillas desteñidas. Cierta imprecisión y evanescencia lograda por medio de la aplicación de materiales sintéticos sobre los vidrios, acentúa el hálito sentimental que circunda sus producciones y permite establecer relaciones con movimientos que hacen parte de la historia del arte, por ejemplo, con el impresionismo entre cuyas metas se contaba captar las efímeras implicaciones de un determinado instante.

El tiempo juega, pues, un papel preponderante en su trabajo, y así, se evidencia también en las viejas sillas encerradas entre lacas y resinas que hacen parte de la exposición y que parecen mantener congelada la vida que transcurrió a su alrededor complementando la sensación de ausencia y de nostalgia. Unas maletas cerradas anuncian partidas inminentes, despedidas dolorosas; en tanto que imágenes de puertos adheridas a algunas de las casas sugieren un peregrinar constante y la incógnita del porvenir. Es decir, su obra no sólo impone remembranzas; sino que tiene connotaciones visionarias, futuristas, en las que el presente pasa a hacer parte del pasado.
La obra de Luis Fernando Peláez involucra el ayer y el mañana, el interior y el exterior, lo individual y lo colectivo, poniendo de presente una admirable capacidad de construir metáforas visuales de validez  universal a través de la combinación de conceptos que en primera instancia podrían considerarse como irreconciliables.